¿Qué nos da sentido y propósito en la vida? ¿Cómo podemos encontrar significado en situaciones difíciles y adversas? Estas son algunas de las preguntas que Viktor Frankl nos invita a reflexionar en su libro " El hombre en busca de sentido ".

En este libro autobiográfico, Frankl relata su experiencia como prisionero en los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial. En este contexto de sufrimiento y desesperanza, Frankl se propuso encontrar un propósito y sentido en su vida, lo que finalmente lo ayudó a sobrevivir y encontrar una nueva perspectiva en su existencia.
A través de su testimonio, Frankl nos muestra que, a pesar de las circunstancias más extremas, podemos encontrar un propósito y significado en nuestra vida. De hecho, según Frankl, la búsqueda del sentido es la principal motivación humana, y encontrar un propósito en la vida puede ser una fuente de fuerza y resistencia en momentos de adversidad.
En su libro, Frankl enfatiza la importancia de la libertad interior, la cual, a pesar de cualquier situación externa, permite que una persona mantenga su capacidad de elección y su responsabilidad sobre sus pensamientos y acciones. Esta idea es fundamental para la teoría de Frankl, quien desarrolló la logoterapia, una corriente psicológica que se enfoca en la búsqueda del sentido y el propósito en la vida.
"El hombre en busca de sentido" es una obra que ha inspirado a millones de personas en todo el entorno. A través de sus páginas, Frankl nos invita a cuestionar nuestras vidas y a reflexionar sobre el sentido y propósito en nuestras propias existencias. Además, nos muestra que la resiliencia y la esperanza son características fundamentales para encontrar significado en nuestra vida, incluso en las situaciones más difíciles.
En conclusión, "El hombre en busca de sentido" es un libro que cambia la forma en que vemos nuestras vidas y el entorno que nos rodea. Nos invita a encontrar un propósito y significado en nuestra existencia, y nos enseña la importancia de la libertad interior, la resiliencia y la esperanza en momentos de adversidad. Sin duda, es una obra que inspirará a generaciones futuras y continuará siendo una fuente de inspiración para aquellos que buscan encontrar significado en sus vidas.
¿Somos seres rendidos al azar y a las circunstancias que nos rodean o, en cambio, somos libres de tomar nuestras propias decisiones para orientar el destino elegido? Es más, ¿estamos obligados a dejarnos influenciar por condicionantes externos a nosotros mismos o nos valemos de la capacidad de desarrollo que nos distingue del resto de seres vivos? Estas son algunas de las preguntas que debió hacerse el psiquiatra y filósofo austríaco Viktor Frankl durante su reclusión, a lo largo de tres largos años, en varios campos de concentración nazis.
De aquella experiencia surgió un libro que es considerado piedra angular de la logoterapia y el análisis existencial, el tipo de psicoterapia que él mismo introdujo en el campo de la psicología. En "El hombre en busca de sentido", Frankl se valió de sus durísimas experiencias en lo más profundo del horror nazi para exponer su firme creencia en que la voluntad de sentido del ser humano es lo que puede mantenerlo a flote ante las adversidades.
Nacido en Viena, en 1905, en el seno de una familia judía, Frankl comenzó muy joven a interesarse por la psicología, lo que le llevó a estudiar medicina y a especializarse en psiquiatría y neurología. Aquel empeño juvenil propiciaría que dirigiese, desde 1940 y hasta su deportación al campo de concentración de Theresiendstat, dos años después, el departamento de neurología del vienés Hospital Rothschild. Aquel trabajo, además de suponer un gran desarrollo profesional, fue también una especie de premonición vital: era el único centro hospitalario de la ciudad que admitía a judíos en aquellos años.
Para Frankl, la voluntad de sentido del ser humano es lo que puede mantenerlo a flote ante las adversidades
En total, fueron cuatro los campos de concentración que Frankl tuvo la desgracia de conocer. Además del ya mencionado, conoció también los horrores de Auschwitz, Dachau y Turkheim, del que fue liberado en abril de 194La deportación inicial la sufrió junto a su familia, pero la liberación solo fue suya: su mujer, sus padres y su hermano no sobrevivieron.
Los meses siguientes a su liberación, Frankl los pasó indagando sobre el paradero de familiares y amigos para descubrir que todos ellos habían sido víctimas del horror nazi. Aquello, en vez de sumirle en la más demoledora oscuridad, le sirvió para edificar su teoría de la logoterapia. Él mismo llegó a afirmar que el hecho de comprender y descubrir el sentido del sufrimiento le ayudó a experimentarlo de una manera menos dolorosa y más llevadera. Frankl incorporó el dolor a su propia experiencia vital como un elemento más de la misma, logrando que no le impidiera seguir adelante.
Una nueva perspectiva
Ya a mediados de los años veinte, cuando Viktor Frankl era un joven estudiante de psiquiatría, decidió distanciarse del psicoanálisis, entonces en su apogeo: lo consideraba absolutamente reduccionista. Él, en cambio, sentía más atracción por corrientes menos pesimistas y más cercanas a su manera jovial de ver el entorno. Desde entonces, Frankl comenzó a conceder gran importancia a la mezcla entre filosofía y psicología, que lograba, a su parecer, un ajuste entre lo que el ser humano experimenta y el modo en que piensa en ello. Ahí residía, para Frankl, la única herramienta posible para no caer en la absoluta infelicidad.
Su logoterapia, al fin y al cabo, no dejaba de ser una nueva vertiente de la psicología existencial que inauguró Alfred Adler, que a pesar de colaborar en los trabajos iniciales de Sigmund Freud, acabaría apartándose del psicoanálisis para fundar lo que hoy se conoce como psicología individual y que difiere de aquel en algo fundamental: la creencia de que el hombre puede superar sus problemas y progresar.

La propia energía vital ayudó a Frankl a continuar viviendo con una actitud positiva, trabajando siempre para lograr que las personas pudiesen vencer sus traumas buscando el verdadero sentido de sus vidas. En los años sesenta, la popularidad de su logoterapia creció de forma desmedida en Estados Unidos, donde "El hombre en busca de sentido" aún se considera uno de los tratados filosóficos más profundos (y donde tendría puestos docentes en hasta cuatro importantes universidades).
Él tenía claro que el ser humano es dueño de su destino y que, para ello, solo tiene que tomar sus propias decisiones amparadas en el sentido profundo de su existencia, que nunca ha de ser la infelicidad, por mucho sufrimiento que se soporte. Mientras padecía los infames suplicios del campo de exterminio, tuvo claro que «es la libertad interior la que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a la existencia una intención y un sentido». Su vida terminaría a los 92 años, en 199
¿Cuál es la respuesta a la pregunta sobre el sentido de la vida?
Según Viktor Frankl (1905-1997), autor del libro "El hombre en busca de sentido", la respuesta sería que no hay un sentido de la vida, sino muchos, tantos como personas habitan la Tierra. No hay que buscar un sentido abstracto de la vida, sino el sentido que cada uno de nosotros le demos a la vida en cada una de las etapas de nuestro desarrollo personal; estarán determinadas por una misión, un cometido que llevar a cabo en cada momento. El autor intenta ayudar a responder a ésta y otras preguntas existenciales a través de sus conocimientos y su experiencia en los campos de concentración nazis. Al lector le provoca una continúa y profunda reflexión.
Viktor Frankl, ( 1905-1997) fue un neurólogo y psiquiatra judío austriaco, fundador de la logoterapia; una psicoterapia centrada en el sentido. A diferencia del psicoanálisis, más introspectivo y retrospectivo, la logoterapia mira menos hacia nuestro pasado y más hacia nuestro futuro, a los valores y al sentido de la vida intentando descubrirlos en nosotros mismos.
Para Viktor Frankl "ser hombre implica dirigirse hacia algo o alguien distinto de uno mismo, bien sea realizar un valor, alcanzar un sentido o encontrar a otro ser humano"
Otra faceta muy interesante y pragmática de la logoterapia es una técnica a la que llama, "intención paradójica". A través de ella, el autor ayuda a sus pacientes a luchar contra los miedos, ya que estos pueden ser la causa, a veces, de aquello que tememos. También trata de controlar la hiperintención, que es precisamente lo contrario: el excesivo deseo de algo perjudicaría, en cierta manera, su realización final. La "intención paradójica" consistiría en inducir al paciente a realizar lo que teme como método de sanación.
Todos estos conocimientos llevan implícitos su experiencia en cuatro campos de concentración nazis, hecho que Viktor Frankl comparte con nosotros en la primera parte del libro, y en la que hace un análisis en primera persona de cómo afecta psicológicamente al ser humano estar sometido a unas situaciones tan extremas y dramáticas.
Todo esto es muy estimulante en la época actual dominada por un vacío existencial y marcada por un nihilismo que afecta a parte de la sociedad de nuestro tiempo. Especialmente en lo que se refiere a la perdida de valores, tradiciones y escepticismo hacia los dogmas religiosos y hacia todo lo preestablecido.
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