Este artículo se adentra en la definición de finanzas públicas según Mankiw, analizando su concepto de racionalidad económica y su relación con la ética y la teología. Se explora cómo Mankiw concibe al 'homo economicus' y cómo se relaciona con la 'escasez compleja', un concepto introducido por González Fabre para comprender las decisiones económicas como un proceso que involucra tanto bienes económicos como morales.
Introducción
El Papa Benedicto XVI, en su encíclica Caritas in veritate, propone ampliar el concepto de razón. Ante la persistencia de una cuestión social global que se vuelve cada vez más una cuestión antropológica, se requiere una comprensión más amplia de la racionalidad económica. Este artículo busca explorar la posibilidad de un diálogo entre la ciencia económica, la ética y la teología a la luz de las ideas de Mankiw, González Fabre y la Caritas in veritate.
¿Qué plantea Gregory Mankiw?
Gregory Mankiw, reconocido economista, explora la racionalidad económica desde una perspectiva neoclásica. Su obra, Principios de Economía, se centra en el análisis del comportamiento económico de los individuos, asumiendo que estos actúan racionalmente en la búsqueda de la maximización de su propio interés.
Algunos presupuestos antropológicos de la ciencia económica
Mankiw define la escasez como un concepto clave para la ciencia económica. Según él, la escasez implica que la sociedad tiene recursos limitados y por lo tanto no puede producir todos los bienes y servicios que los individuos desean. Esta premisa ya vislumbra una precomprensión de la sociedad y del individuo que merece ser analizada.
Mankiw argumenta que los economistas estudian cómo las personas toman decisiones en relación a su trabajo, sus compras, sus ahorros y sus inversiones. También estudian cómo se interrelacionan entre sí y analizan las fuerzas y tendencias que afectan a la economía en su conjunto. Esta visión, centrada en la toma de decisiones individuales, pone en juego la libertad humana y, por lo tanto, implica una dimensión antropológica, ética y teológica.
El concepto de racionalidad que supone la teoría económica
Mankiw sostiene que las personas racionales piensan en términos marginales, comparando los beneficios marginales y los costos marginales. Esta lógica conduce al concepto de 'homo economicus', un agente económico que siempre busca maximizar su propio interés. Mankiw reconoce que la realidad es más compleja, pero no abre espacio para otras racionalidades como la ética o la lógica de la gratuidad.
Mankiw admite que las personas reales no siempre son racionales, y pueden ser olvidadizas, impulsivas, confusas, emotivas y miopes. Sin embargo, su análisis sigue anclado en la idea de que la racionalidad se reduce a la maximización del interés propio.

Ética y Economía: Los aportes de R. González Fabre
R. González Fabre, teólogo moralista, profundiza en la relación entre la ética y la economía. Su principal contribución radica en el análisis de la figura moral del 'homo economicus' y la introducción del concepto de 'escasez compleja'.
La figura moral del homo economicus
González Fabre describe al 'homo economicus' como un agente económico que asigna sus recursos escasos para obtener otros bienes económicos, separadamente de las demás finalidades de la vida. El 'homo economicus' se centra en maximizar su utilidad según un orden de preferencia invariable, siempre buscando más bienes económicos. Esta visión del agente económico como egoísta, insaciable y centrado en sí mismo, es criticada por González Fabre, quien argumenta que el agente económico también puede utilizar sus recursos para mejorar la calidad de sus relaciones personales o para promover un orden social más justo.
Ante una escasez compleja, una racionalidad compleja
González Fabre propone el concepto de 'escasez compleja' para argumentar que en la vida real, las decisiones económicas no se pueden separar fácilmente de las consideraciones morales. En el ámbito económico, las personas se enfrentan a una escasez tanto de bienes económicos como de bienes morales, como la honestidad, la justicia y la calidad de las relaciones interpersonales. Esta 'escasez compleja' exige una 'racionalidad compleja' que integre tanto los aspectos económicos como los morales.
La necesidad de la ética
González Fabre sostiene que la ética es imprescindible para el buen funcionamiento de los mercados, ya que la ciencia económica misma necesita suponer un comportamiento ético del 'homo economicus' para que respete los mínimos de comportamiento necesarios. La ética es esencial para que los mercados operen como se supone en la teoría económica neoclásica.
A la luz de la Caritas in veritate
La encíclica Caritas in veritate del Papa Benedicto XVI aporta una visión teológica a la reflexión sobre la economía y sus fines, iluminando la complejidad de las relaciones entre la economía, la ética y la teología.
Una antropología teológica y una ética que iluminan la economía
La encíclica Caritas in veritate propone una comprensión del hombre desde Cristo, destacando la unidad de cuerpo y alma, la apertura a los demás y la trascendencia. Este humanismo cristiano ofrece una perspectiva más amplia del hombre que la visión del 'homo economicus' y se convierte en una crítica al reduccionismo antropológico presente en la teoría económica neoclásica.
Ampliar la racionalidad económica
Benedicto XVI propone ampliar el concepto de racionalidad económica, incluyendo la lógica de la gratuidad como complemento a la lógica del mercado. Esta lógica del don, que va más allá del cálculo de equivalencias, implica una apertura al otro sin mediadores y una vulnerabilidad que trasciende el interés propio.
Una interdisciplinariedad al servicio del hombre
Caritas in veritate destaca la necesidad de un diálogo interdisciplinar entre la ciencia económica, la ética y la teología para comprender al hombre en su complejidad. Se requiere una integración de visiones autónomas que reconozca la riqueza de cada disciplina sin perder de vista la unidad de la realidad humana.

La 'escasez compleja' y la lógica de la gratuidad, conceptos que emergen de la ética y la teología, desafían la visión reduccionista de la racionalidad económica. La persona humana no es solo 'homo economicus', sino que también es 'homo sapiens', un ser complejo que integra diferentes racionalidades en sus decisiones económicas. La universidad, como espacio de diálogo interdisciplinar, puede ser un lugar propicio para avanzar en la búsqueda de una comprensión más completa de la economía, una economía que ponga al hombre en el centro y reconozca la importancia de la ética y la teología en la construcción de un entorno más humano.
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