El rodrigazo: un golpe de timón que sacudió a argentina

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El Rodrigazo: Un golpe de timón que sacudió a Argentina

El 4 de junio de 1975, el ministro de Economía, Celestino Rodrigo, anunció un paquete de medidas que marcarían un antes y un después en la historia económica argentina: el Rodrigazo. Este conjunto de medidas, lejos de ser un plan de recuperación, era un intento de frenar la crisis económica por medio de un ajuste brutal que beneficiaba al capital local y financiero más concentrado. El Rodrigazo puso fin al Pacto Social que había intentado controlar la inflación y mantener la paz social desde 197

Un impacto devastador

Las medidas del Rodrigazo fueron un golpe duro para la sociedad argentina. La devaluación del peso respecto al dólar, que oscilaba entre el 80% y el 160%, y el aumento sideral de precios, que en algunos casos llegó al 180%, dejaron a la población en una situación difícil. La gasolina aumentó un 180%, las tarifas del transporte público un 75% y otros productos básicos sufrieron aumentos similares. A esto se sumó el congelamiento de las paritarias y la imposición de topes salariales, lo que exacerbó el malestar de la clase trabajadora.

La respuesta del pueblo

La clase obrera, especialmente en las fábricas de Córdoba y Santa Fe, no se quedó de brazos cruzados ante las medidas del Rodrigazo. La IKA Renault de Córdoba fue la punta de lanza del movimiento, con los trabajadores iniciando un paro el 2 de junio. La huelga se extendió rápidamente a otras fábricas del interior y del Gran Buenos Aires, desafiando las derrotas previas de las vanguardias obreras.

Las medidas de lucha se multiplicaron. Paros por gremios a escala provincial, paros regionales y la organización de marchas hacia la Capital Federal para demandar a los dirigentes sindicales se sucedieron. En el norte del Gran Buenos Aires, los obreros de las automotrices y los astilleros se lanzaron a la calle, enfrentando la militarización del gobierno.

La burocracia sindical en la encrucijada

La burocracia sindical, encabezada por Lorenzo Miguel, se vio obligada a cambiar su actitud y presionar a Isabel Perón para que homologara los convenios. La movilización del 27 de junio, que comenzó como una jornada de apoyo a la presidenta, se transformó en un virtual paro general, con más de 100.000 manifestantes en la Plaza de Mayo.

La clase trabajadora, por primera vez, se enfrentaba al gobierno peronista con demandas políticas, exigiendo la renuncia de Rodrigo y López Rega. Las consignas como "Dame una mano, dame la otra, dame a Rodrigo que lo hago pelota" o "queremos la cabeza de los traidores Isabel, Rodrigo y López Rega" resonaban en las calles.

El gobierno de espaldas al pueblo

A pesar de la movilización, Isabel Perón se negó a homologar los convenios. El Ministro de Trabajo, Ricardo Otero, renunció a su cargo tras un incidente con Rodrigo. La burocracia sindical, a pesar de su enfrentamiento con el gobierno, no tomó medidas para profundizar la lucha.

El nacimiento de las Coordinadoras Interfabriles

La huelga general de hecho que se extendió desde el 27 de junio, superó a la burocracia sindical. Las comisiones internas y los cuerpos de delegados se unieron para crear las Coordinadoras Interfabriles, un movimiento antiburocrático que surgió del corazón del movimiento obrero.

Las Coordinadoras, organizadas por zona, agrupaban a las fábricas y al activismo más combativo de la clase trabajadora. Participaban 129 fábricas y 11 seccionales sindicales que representaban a más de 120.000 trabajadores.

Las Coordinadoras representaban una tendencia a la ruptura con el peronismo y, por ende, las corrientes de izquierda tuvieron un peso importante en su interior, como Montoneros, el PRT, el Peronismo de Base y el PST. Se consolidaron como un verdadero poder fabril, cuestionando el poder de la burocracia sindical.

El legado del Rodrigazo

El Rodrigazo fue un momento crucial en la historia argentina. Marcó el fin del Pacto Social y el inicio de una nueva era marcada por la inestabilidad económica y política. Las protestas masivas y la organización de las Coordinadoras Interfabriles demostraron la fuerza del pueblo argentino en su lucha contra el gobierno peronista.

Aunque el Rodrigazo no logró solucionar la crisis económica, sí dejó un legado importante: el poder de la organización popular y la necesidad de un cambio profundo en el modelo económico para lograr una mayor justicia social en Argentina.

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