El pensamiento clásico, también conocido como “ economía política clásica ”, sienta las bases de la economía como disciplina. Las teorías que emanan de esta corriente son cruciales para el desarrollo de la economía como ciencia. Sus autores, como Adam Smith, David Ricardo, Thomas Robert Malthus y John Stuart Mill, sentaron las bases para el estudio de las finanzas públicas.
La Investigación sobre la Naturaleza y Causa de la Riqueza de las Naciones de Smith, y los Principios de Economía Política y Tributación de Ricardo, son textos fundamentales que marcaron la evolución de las ideas económicas clásicas. La importancia de esta corriente es tal que, con algunas excepciones, se considera a Adam Smith como el padre de la economía.
El término “ economía política clásica ” fue acuñado por Marx para referirse al periodo que abarca desde William Petty en Inglaterra y Boisguillebert en Francia hasta Ricardo en Inglaterra y Sismondi en Francia. Marx buscaba distinguir a estos autores de la “ economía vulgar ”, aquellos que se limitaban a observar el mercado sin profundizar en las relaciones de producción. La característica fundamental de los autores clásicos, según Marx, era su capacidad de comprender la relación entre la mercancía y el trabajo, una relación crítica para entender el funcionamiento de los sistemas económicos.
- El Valor de la Mercancía y la Paradoja de los Diamantes y el Agua
- Trabajo y Valor de Cambio: El Debate entre los Clásicos
- La Distinción entre el Pensamiento Clásico y las Escuelas Precedentes
- La Defensa de la Libertad Comercial y el Laissez Faire
- David Ricardo y la Distribución de la Riqueza
- El Declive del Pensamiento Clásico: El Auge del Marginalismo
- La Continuidad entre el Pensamiento Clásico y el Marginalismo
- El Pensamiento Clásico en el Siglo XX
El Valor de la Mercancía y la Paradoja de los Diamantes y el Agua
El valor de una mercancía no se determina únicamente por la relación de oferta y demanda en el mercado. Los autores clásicos identificaron un valor intrínseco a la mercancía, que podía o no coincidir con el precio. Esto se ilustra con la famosa paradoja de los diamantes y el agua. ¿Por qué el agua, esencial para la vida humana, tiene un precio tan bajo, mientras que los diamantes, con usos limitados, son tan costosos?
La respuesta reside en la distinción entre el valor de uso y el valor de cambio. El primero se refiere a la utilidad del objeto, mientras que el segundo representa la cantidad de bienes por la que puede intercambiarse. El valor de cambio es fundamental para comprender los objetos como mercancías, y este valor está determinado por el trabajo que se necesita para producirlos.
Trabajo y Valor de Cambio: El Debate entre los Clásicos
Aunque los economistas clásicos coincidían en la relación entre el trabajo y el valor de cambio, existía controversia sobre el tipo de trabajo a considerar y su forma de medición. Smith relacionaba el valor de cambio con las “penas y fatigas” de obtener la mercancía, así como con la cantidad de trabajo que permitía adquirir la persona que la posee. Ricardo, por su parte, se centraba en el trabajo necesario para la producción.
La Distinción entre el Pensamiento Clásico y las Escuelas Precedentes
Smith, a pesar de no considerarse parte de un grupo, distintutorial sus ideas de las previas. Él consideraba que la economía política debía ser una rama de la ciencia del legislador, cuyo objetivo era enriquecer al pueblo y al soberano. Este objetivo había sido abordado a través del sistema comercial o mercantil y el sistema agrícola (fisiocracia).
Smith veía su propio sistema como una evolución respecto a las tendencias previas.
La Defensa de la Libertad Comercial y el Laissez Faire
Una característica fundamental del pensamiento clásico es la defensa de la libertad comercial. Smith se asombraba de la capacidad del mercado para generar resultados beneficiosos para la mayoría de los participantes sin necesidad de intervención estatal. Las políticas gubernamentales, según Smith, tendieron a desviar los recursos hacia actividades no rentables, lo que implicaba una mala asignación de recursos. Por lo tanto, la libertad económica era preferible, aunque reconocía algunas excepciones donde la intervención estatal era necesaria.
Aunque la fisiocracia también defendía el laissez faire, la diferencia fundamental con el pensamiento clásico radicaba en su enfoque en el producto de la tierra como única fuente de riqueza. Esta visión, según Smith, conducía a políticas que favorecían la agricultura y restringían la industria y el comercio.
David Ricardo y la Distribución de la Riqueza
Ricardo cuestionó la visión de Smith. Para Ricardo, el producto de la tierra se distribuye entre tres clases sociales: los propietarios de la tierra, los del capital y los trabajadores. Su principal interés radicaba en determinar las leyes que regulan esta distribución. Para analizar esta distribución, Ricardo recurrió a la división de la sociedad en tres clases, definidas por su papel en la producción.
Ricardo compartía con Smith la idea de que el valor de cambio estaba determinado por el trabajo necesario para producirlo, pero reconocía la participación del trabajo, la maquinaria, el capital y la tierra en la producción. Cada uno de estos factores era poseído por una clase social y su participación era recompensada con salarios, beneficios y rentas, respectivamente. Ricardo identificó un conflicto entre las clases, ya que las fuerzas que elevaban los salarios reducían los beneficios, y los intereses de los propietarios de la tierra solían estar en conflicto con los de los dueños del capital.
A diferencia de Smith, que veía la armonía en los intereses de la sociedad, Ricardo consideraba que las leyes de distribución conducían a un estado estacionario, donde se detenía la acumulación. La reducción de los beneficios y el aumento de las rentas de la tierra llevaban a un punto en el que la acumulación se detenía, frenando el crecimiento del sistema económico.
El Declive del Pensamiento Clásico: El Auge del Marginalismo
El auge del pensamiento clásico llegó a su fin a mediados del siglo XIX. Los Principios de Economía Política de John Stuart Mill, publicados en 1848, se consideran el último texto clásico. Este texto se basaba en el sistema ricardiano, pero incorporaba críticas a esa perspectiva, representando una síntesis de ideas de diversas corrientes. No obstante, el núcleo central de la teoría de Mill setutorial compartiendo las características del pensamiento clásico.
Entre 1871 y 1873, tres pensadores independientes, William S. Jevons, Leon Walras y Carl Menger, realizaron críticas al estado de la economía política, marcando el inicio de la revolución marginalista. Estos autores, aunque reconocían la importancia del pensamiento clásico, consideraban que había errores fundamentales en sus teorías, especialmente la ignorancia del papel de la utilidad y la demanda en la determinación del valor de las mercancías.
Para Jevons, era necesario crear un sistema económico “verdadero” que corrigiera las desviaciones de Ricardo y Mill. Walras criticaba el método utilizado por los clásicos, argumentando que se podían expresar conceptos de forma más precisa y clara utilizando el lenguaje matemático.
La Continuidad entre el Pensamiento Clásico y el Marginalismo
La visión de los marginalistas fue cuestionada por Alfred Marshall en Principles of Economics (1890). Marshall, aunque reconocía la importancia de Ricardo, consideraba que la crítica al pensamiento clásico por ignorar la demanda era infundada, ya que los clásicos sí eran conscientes de la importancia de la demanda, pero no lo expresaron con la suficiente claridad.
Marshall creía que los clásicos veían el valor determinado por el costo de producción, pero también consideraban la interacción entre la oferta/costo de producción y la demanda/utilidad. El problema era que se habían centrado en la oferta y dejado de lado la demanda.
John Maynard Keynes, en Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero (1936), también identificó una continuidad entre el pensamiento clásico y las interpretaciones neoclásicas, incluyendo a autores como John Stuart Mill, Alfred Marshall, Francis Edgeworth y Arthur Pigou como “continuadores de Ricardo”.
El Pensamiento Clásico en el Siglo XX
En las últimas décadas, se ha recuperado la idea del pensamiento clásico, definido como la corriente dominante en el pensamiento económico desde finales del siglo XVIII hasta la segunda mitad del siglo XIX.

Aunque existen controversias sobre la inclusión de algunos autores en esta corriente, la idea de continuidad entre el pensamiento clásico y el neoclásico ha perdido fuerza. Esto se debe en gran medida a la hegemonía del pensamiento neoclásico en el siglo XX, que se ha ido diferenciando cada vez más de las ideas de Smith y Ricardo.
El pensamiento clásico, a pesar de su relevancia histórica, ha ido perdiendo terreno en el estudio de la economía moderna.
Palabras relacionadas: economía, mercado, keynesianismo, monetarismo.
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