La ley del esfuerzo invertido: cómo fracasar por esforzarse demasiado

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A veces, "cuanto más lo intentamos, peor lo hacemos", como dijo Huxley. Esta frase, que parece contradictoria, encierra una verdad profunda: la ley del esfuerzo invertido.

El psicólogo francés Émile Coué explicó este fenómeno de manera brillante: "Cuando la imaginación y la fuerza de voluntad están en conflicto, son antagónicas, siempre es la imaginación la que gana, sin excepción."

Para entenderlo mejor, imagina la arena movediza. La forma de evitar que te engulla es no esforzarte tanto: dejar de luchar e irte recostando con calma, para que el peso se distribuya y se reduzca la presión, lo que te permite arrastrarte hasta estar a salvo.

Lo mismo ocurre cuando no puedes conciliar el sueño, te da un ataque de risa en un momento inconveniente, o no puedes recordar algo. En vez de obligarte, relájate y haz o piensa en otra cosa.

La ley del esfuerzo invertido no significa que nunca haya que hacer nada, o que siempre haya que asumir una actitud pasiva frente a la vida. Más bien, nos recuerda que a veces, cuanto más intentas mejorar algo a punta de fuerza de voluntad, más lo empeoras.

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El Ejemplo de Levin y el Taoísmo

León Tolstói, en su libro Anna Karénina, ilustra el concepto a través del terrateniente Konstantin Levin. Levin encuentra armonía labrando la tierra con los campesinos: "En medio de su labor había momentos en que olvidaba lo que hacía y trabajaba sin esfuerzo, y en esos mismos momentos su hilera quedaba tan bien cortada como la de Tit. Pero en cuanto recordaba qué estaba haciendo y procuraba hacerlo mejor, sentía el peso del esfuerzo y todo resultaba peor."

Los taoístas llaman a este concepto "wu wei", que se traduce como "acción sin esfuerzo." La idea es que, cuando dejamos de forcejear y aprendemos a esperar y observar, vemos con mayor claridad que hay fuerzas externas que nos superan. A veces, hay que dejarse llevar por la corriente y sólo obrar en el momento indicado y con las medidas correctas para llegar al destino deseado.

Huxley y la Máxima Relajación

Aldous Huxley, quien le dio nombre a la ley, decía que "la pericia y sus resultados sólo la consiguen aquellos que han aprendido el paradójico arte de hacer y no hacer."

En su conferencia "Quiénes somos", señaló que "tenemos que combinar la relajación con la actividad." El que se tiene que relajar es "el yo personal consciente", el que se esfuerza demasiado y cree que lo sabe todo. Sin embargo, hay un yo más profundo, con conocimientos y habilidades que hacen posible que podamos ser.

"Tenemos que quitarnos del camino y liberarnos para permitir que la luz entre", decía Huxley, refiriéndose al yo superficial. Ese yo interno, que opera de manera inconsciente, es el que se encarga de acciones complejas como la digestión, la regulación del corazón y la imitación de gestos, sin que el yo consciente tenga la menor idea de cómo lo hace.

Cuando insistimos en esforzarnos por hacer algo que no estamos logrando, el yo superficial eclipsa todos los otros poderes de nuestros yoes más profundos y más amplios. Si nos relajamos, los dejamos brillar.

Aplicando la Ley del Esfuerzo Invertido

La ley del esfuerzo invertido es invaluable en momentos en los que no paras de moverte, pero no avanzas en la dirección deseada. Esta situación puede llevarte a un círculo vicioso de estrés y autocrítica.

Investigaciones sobre la productividad laboral muestran que somos realmente productivos solo durante las primeras 4 o 5 horas de cada día laboral. Después hay una disminución considerable del rendimiento, hasta el punto de que la diferencia entre trabajar 12 y 16 horas es prácticamente inexistente; lo que se produce no es más que cansancio mental y físico.

La ley no es sinónimo de resignación ni invita a la pasividad, apatía o mediocridad. Más bien fomenta la reflexión y motiva a detenerse, valorar las circunstancias y asumir la mejor actitud posible.

ley del esfuerzo invertido - Qué es la Ley del esfuerzo

Es una herramienta útil cuando te sientas frente a una página en blanco que tienes que llenar con pensamientos que no sabes cómo expresar, seas escritor profesional o no. Y hasta en las relaciones interpersonales tiene su lugar: a veces, cuanto más tratas de acercarte a alguien, más se aleja.

La ley del esfuerzo invertido nos recuerda que la fuerza de voluntad no siempre es la respuesta. A veces, la clave para lograr mejores resultados radica en la relajación, la observación y la confianza en nuestros yoes más profundos.

En lugar de luchar contra nosotros mismos, podemos aprender a trabajar en armonía con nuestras propias capacidades y permitir que nuestra sabiduría interior nos guíe.

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