El comercio y las finanzas en la revolución industrial: un nuevo orden económico

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La Revolución Industrial, iniciada en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII, marcó un punto de inflexión en la historia del comercio y las finanzas. No solo transformó la producción de bienes, sino que también dio paso a un nuevo orden económico globalizado. Este artículo explora cómo la revolución industrial impactó en el comercio internacional, la globalización de productos y empresas, la competitividad internacional y la evolución de los mercados financieros.

Tabla de Contenido

El Auge del Comercio Internacional

La revolución industrial, con su motor a vapor y medios de transporte masivos, impulsó el comercio internacional a una escala continental e intercontinental. Este cambio no solo modificó las estructuras y sistemas de producción, sino que también transformó el ámbito político, social y cultural de los pueblos.

El comercio internacional trajo consigo la creación de mercados internacionales y la interdependencia entre los países. Cada nación se especializaba en la producción de bienes en los que tenía ventajas comparativas, un principio que rige el ámbito económico global y que dio origen a las Teorías de Comercio Internacional y las Políticas de Comercio Internacional.

Inglaterra, cuna de la revolución industrial, se convirtió en una potencia económica global. Durante el siglo XIX, la industria británica transformó la producción de bienes de consumo como el vestuario y los alimentos. Las principales mercancías comercializadas fueron materias primas (minerales, carbón, fibra textil), maquinaria industrial y productos finales textiles. El comercio internacional y el transporte cobraron una importancia sin precedentes, dando lugar a las primeras líneas de servicios de transporte marítimo.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, Estados Unidos revolucionó la fabricación y comercialización con la producción en serie, basada en líneas de ensamblaje y piezas intercambiables. La producción masiva de bienes de consumo duradero como máquinas de coser, de escribir, radios y teléfonos cambió la forma de vida de la población mundial y los sistemas de comercialización y transporte.

La masificación de la producción de vehículos automotores en el siglo XX marcó un cambio estructural en la infraestructura, la distribución de insumos (petróleo, caucho, acero) y productos, el transporte de bienes y personas. Este impacto fue fundamental en la evolución del comercio internacional.

La producción en línea trajo consigo las economías de escala, donde un número reducido de plantas podían abastecer el consumo global. Se establecieron sistemas de comercialización donde la producción se realizaba en el origen y se transportaba a los destinos, lo que multiplicó las necesidades de transporte.

Estos sistemas de comercialización, con redes de distribuidores (proveedores de combustibles, vendedores de repuestos, talleres de mantención y reparación), masificaron los mercados y desterraron el autoconsumo y la producción artesanal. La división del trabajo se convirtió en el concepto universal de producción.

En los mercados internacionales, Estados Unidos impuso la competencia, donde los precios y costos se convirtieron en el dogma. Surgieron las empresas multinacionales, que amenazaron con capitalizar la producción y el comercio mundial, dando lugar al proteccionismo, la intervención estatal en la economía y la formación de grandes bloques políticos, como el entorno occidental y el entorno socialista.

A pesar de las interrupciones de las guerras mundiales, el comercio internacional creció sin precedentes a partir de la década de 1950, especialmente entre Norteamérica y Europa. Japón, los NIE (Taiwán, Corea del Sur, Singapur y Hong Kong) y Brasil se incorporaron al comercio global.

Globalización de Productos y Empresas

La década de 1970 marcó el inicio de una nueva revolución comercial, impulsada por la globalización de productos y empresas, liderada por Japón y Estados Unidos.

1 Japón y la Globalización de los Productos

Los japoneses introdujeron una nueva revolución en los sistemas de producción y distribución. Debido a la escasez de recursos naturales y espacio, la industria japonesa se vio obligada a trabajar con líneas de producción pequeñas (celdas de producción) y sin inventarios. Esto significó la fabricación independiente de partes y piezas ("outsourcing") y la llegada de los componentes al ensamblaje en el momento de la producción, sin inventarios intermedios ("justo a tiempo").

El transporte y la distribución se integraron a la función de producción, formando una logística eficiente. Para garantizar la efectividad de estos sistemas, los japoneses desarrollaron el concepto de mejoramiento continuo, conocido como Calidad Total de Gestión (Total Quality Management).

A diferencia de los norteamericanos, los japoneses introdujeron la planificación flexible para cumplir con el "justo a tiempo" (pequeños lotes), basados en la automatización y robotización. Las economías de escala se lograron en el abastecimiento de materias primas y en la distribución, obteniendo mayores participaciones de mercado.

Los japoneses desarrollaron la industria naval de los super graneleros (Ore and Bulk Carrier), tanqueros (Oil Carrier) y combinados (Ore, Bulk and Oil Carrier), alcanzando tamaños inimaginables en la época (400 a 500 mil DWT). Esto, junto con contratos de grandes volúmenes de compra en yacimientos de minerales, permitió un nuevo sistema de abastecimiento masivo.

Las empresas japonesas lograron participaciones de mercado mediante precios competitivos, hipersegmentación de mercados, ciclos de vida de productos muy frecuentes y globalización de productos y mercados. Las economías de escala en la producción se consiguieron en la fabricación de componentes estandarizados, que con pequeños cambios servían para nuevos modelos y para otros productos orientados a segmentos de mercado diferentes. Esto se observa en la fabricación de motores, chips y elementos ópticos.

Los grandes grupos (Keiretsus) contaban con agentes a gran escala, involucrados en múltiples negocios y mercados, aprovechando al máximo las economías de cobertura de mercados (Scope Economies).

Los cambios en los esquemas de comercialización de las empresas japonesas también se debieron a causas históricas. La falta de espacio en los hogares y fábricas japonesas obligó a miniaturizar los artefactos del hogar y los equipos de fabricación. Al ofrecer al consumidor occidental un artefacto personal, las empresas japonesas multiplicaron el número de consumidores y ampliaron los mercados. Un ejemplo claro es la radio a transistores de Sony, el primer producto japonés en globalizarse.

Los productos se globalizan cuando, con leves modificaciones, traspasan barreras aduaneras y culturales, accediendo a cualquier mercado no restringido del entorno. Las empresas japonesas no inventaron el concepto, pero lo reforzaron al orientar sus estrategias en esta dirección.

2 La Globalización de las Empresas Norteamericanas

Hasta finales de la década de 1960, muchos economistas consideraban que la economía norteamericana era autosustentable, debido a su superioridad en prácticamente todas las actividades productivas. Sin embargo, el rápido aumento de los salarios y la regulación obligaron a las empresas a buscar proveedores en otras partes del entorno, inicialmente en la industria liviana (textil, vestuario, calzado, plástico).

Las grandes empresas, dueñas de las plantas de producción, los sistemas de distribución y las marcas, se trasladaron a los NIE, donde no solo enseñaron los métodos de fabricación, sino que también proporcionaron equipo, financiamiento y líneas de producción para fabricar con la marca del cliente.

Inicialmente, las empresas norteamericanas subcontrataban servicios muy específicos. Por ejemplo, en la confección de prendas de vestir, llevaban las piezas cortadas desde sus fábricas y contrataban solo la costura, el armado, el planchado y el embalaje. La empresa matriz se encargaba de la logística completa, desde la compra de la materia prima hasta el transporte de las partes y componentes y la devolución de los productos terminados.

A medida que la base industrial de los NIE se desarrolló, las empresas norteamericanas compraron nuevos servicios, contrataron nuevas empresas y trasladaron el proceso completo de fabricación al extranjero. Al incorporar nuevos países y empresas, las empresas norteamericanas hicieron competir a los proveedores por cada uno de los servicios que componen la fabricación del producto final. De fabricantes se transformaron en agentes comercializadores, concentrándose en las funciones de servicio. Esto introdujo el concepto de competitividad a nivel mundial, donde las empresas localizadas en cualquier parte del entorno compiten por la producción de los mismos productos.

Con el desarrollo de la base industrial y de los negocios en los NIE y en otros países abiertos a estos nuevos sistemas de comercio internacional, nuevas y más complejas actividades industriales se trasladaron al extranjero. Esto se convirtió en una forma de supervivencia para las empresas norteamericanas para competir en sus propios mercados. La industria de la electrónica, la computación e incluso la maquinaria pesada, trasladaron actividades intensivas en mano de obra a los NIE, Brasil y otros países que ofrecían las condiciones necesarias para competir con las empresas más competitivas del entorno.

En la década de 1980, se abrieron la mayoría de los países del sureste asiático (Malasia, Filipinas, Indonesia, etc.) y, en 1978, China Continental. En la década de 1990, se incorporaron India, Vietnam y otros países asiáticos. También se abrieron los países de América Latina y Europa Oriental después de la caída del Muro de Berlín.

En la década de 1980, las grandes empresas europeas se incorporaron al sistema, aumentando la demanda y el comercio internacional. Actualmente, casi todos los países del entorno están abiertos al comercio y la competencia internacional.

Competitividad Internacional

En un entorno globalizado, cada empresa y actividad económica debe competir con sus similares en cualquier parte del entorno. Para sobrevivir, las empresas deben transformar las ventajas comparativas en ventajas competitivas.

Los países que se abren al comercio exterior deben diseñar medidas macroeconómicas que permitan a las empresas privadas desarrollar ventajas competitivas sin restricciones. La apertura al comercio internacional suele ir acompañada de la desregulación de los mercados, como el de los factores productivos (laboral y de capitales), de productos (materias primas, productos intermedios y finales) y servicios (incluyendo los de comunicaciones y transporte). También se incluyen programas de privatización de empresas públicas (incluyendo servicios básicos), algunos servicios públicos (salud, educación, aduana, etc.) y, en muchos casos, la infraestructura o su operación.

Las ventajas competitivas son pasajeras y cambian a medida que los competidores modifican sus estrategias, los países sus regulaciones y los bloques su organización interna.

La apertura unilateral al comercio internacional de los países del Lejano Oriente, Latinoamérica, Europa Oriental y la ex-Unión Soviética ha producido un cambio sin precedentes en la competitividad internacional de países y empresas, la emergencia de nuevos mercados, la formación de bloques de países y la liberalización del comercio internacional, principalmente de los países en desarrollo.

Los países que iniciaron este proceso antes, como los NIE, buscan escalar nuevas etapas en la producción industrial, tratando de desarrollar tecnología para competir con los países desarrollados. También trasladan sus propias actividades intensivas en mano de obra a países con ventajas comparativas en este recurso.

Los países emergentes, con ventajas comparativas en calidad y valor de la mano de obra (los agrupados en el ASEAN, China y últimamente India, Vietnam, etc.), están obteniendo mayores participaciones de mercado en la producción de ensamblajes, industria liviana y otras actividades intensivas en mano de obra. Lo mismo ocurre con México en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCNA) y los países centroamericanos en el Caribbean Basin Initiative Program (CBI).

Los países industrializados deben diversificarse internacionalmente en la producción para mantener su competitividad, ampliando el rango de productos y procesos a fabricar internacionalmente.

Esta globalización de la producción viene acompañada de flujos de capital, de inversión directa en países de reciente desarrollo y de internacionalización de las grandes empresas (en los mercados financieros internacionales) en países de mayor desarrollo. Para los primeros, significa consolidar su apertura, equilibrar sus sistemas económicos, privatizar sus empresas públicas productivas y de servicios, mejorar su infraestructura, reformar sus sistemas laborales, etc. Para los segundos, significa consolidar sus equilibrios macroeconómicos, internacionalizar sus mercados financieros, ampliar y mejorar su infraestructura y todos los elementos que signifiquen mejorar su competitividad.

En países desarrollados, la desregulación de los mercados de transporte, servicios y la privatización de empresas públicas se inició en la década de 1980, primero en Estados Unidos y el Reino Unido. Esta tendencia continúa, al iniciarse en países como Francia e Italia, con mayor tradición socialista. La tendencia a una menor intervención del Estado es universal.

Los salarios y la calidad de la mano de obra siguen siendo la prioridad en las decisiones de localización de instalaciones de producción y servicios, ya que la tecnología y el capital tienen una alta movilidad. En todos los países se ha revisado los sistemas de regulación de los mercados de la mano de obra y de la seguridad social, que inciden en el costo, y de los sistemas educacionales, que inciden en la calidad.

También existe preocupación por los costos globales de producción y transporte, más allá del costo físico "in-situ" de producción. El clima político, social y económico tiene una fuerte incidencia en el riesgo país y, por lo tanto, en la tasa de descuento con que se evalúan las inversiones. La infraestructura de transporte, comunicaciones y servicios relacionados influye en el costo del bien final puesto a disposición del consumidor, por lo que representa un factor de increíble importancia en la competitividad de un país.

Globalización de los Mercados Financieros

El aumento explosivo en la movilidad del factor capital en la década de 1980 condujo a mercados totalmente relacionados a nivel mundial para los países que se abrieron a los mercados externos. La globalización en la década de 1990 incluyó nuevos países, mercados e instrumentos financieros.

La globalización se aceleró con la desregulación de los mercados financieros, la diversificación global de las carteras de colocaciones y la tecnología de las comunicaciones, que permitió perfeccionar los flujos de información. Estos factores permitieron que los grandes mercados con oferta de ahorros colosales, como Estados Unidos, Europa, Japón, Taiwán, etc., colocaran sus fondos en cualquier mercado abierto del entorno que ofreciera una mayor rentabilidad.

Hasta la década de 1980, los países con altas tasas de ahorro tenían ventajas comparativas para la inversión local, al ofrecer bajas tasas de interés, lo que posibilitaba su rápido desarrollo. Países como Japón, Corea, Taiwán, etc., pudieron disfrutar de esta ventaja en relación a Occidente. Las relaciones de 1: 2 entre las tasas de interés de largo plazo (Bonos de Gobierno) entre los mercados de Estados Unidos y Japón perduraron por mucho tiempo, pero actualmente han convergido al mismo valor en ambos países y también en Europa.

El costo de los créditos dependerá de la empresa y del lugar de la inversión. Las empresas reconocidas que ofrecen mayor seguridad podrán obtener créditos a costos más bajos. Los países con menor riesgo podrán ofrecer mayores atractivos para atraer las inversiones, mejorando su competitividad.

La competencia por la disponibilidad de fondos será cada vez más intensa. Entre los principales demandantes se encuentran los gobiernos de los países desarrollados (para cubrir déficits), los países de la ex-Unión Soviética, los países emergentes de Asia y de Latinoamérica. La competitividad país pasa por ofrecer buenas condiciones (rentabilidad) y seguridad. Especialmente importante porque en el entorno moderno la mayoría de los fondos se canalizan a través de inversión directa (bonos, acciones, joint venture), es decir, participación en la propiedad.

Globalización de la Mano de Obra

La mano de obra se globalizó no porque su movilidad haya aumentado, sino porque las empresas lo hicieron. El costo de la mano de obra en los países emergentes del Lejano Oriente es de US$1,0/Jornada y constituye la línea base para competir en cualquier negocio, local o internacional, en cualquier país abierto a los mercados externos. Esto se debe a que la oferta de trabajadores en estos países es prácticamente infinita (más de mil millones de personas en edad de trabajar).

En cualquier inversión, el costo de la mano de obra aparece directa o indirectamente, valorado de acuerdo a su productividad y, por lo tanto, en la competitividad a nivel país. La única forma de competir con una mano de obra sobrevalorada es agregar valor a la jornada de trabajo, en factores que permitan hacerla comparable con la del Lejano Oriente.

En general, el entorno se clasifica en países desarrollados o industrializados, en desarrollo y sub-desarrollados. Los primeros constituyen los principales mercados, pero los segundos observan las tasas de crecimiento más rápidas. Sin embargo, esta clasificación no sirve para entender el comercio y el transporte. Para ello, es importante identificar las principales áreas y bloques económicos y las principales rutas o tráficos internacionales.

Caracterización de las Áreas Económicas

1 Europa Occidental

Europa Occidental comprende desde los países escandinavos hasta el Mediterráneo (en sentido norte-sur) y desde el Reino Unido y Portugal (en el oeste) hasta Alemania y Turquía (en el este). En esta área económica existen dos bloques: los países de la Comunidad Económica Europa (CEE) y los del European Free Trade Agreement (EFTA). Constituye el mercado más importante, con 360 millones de habitantes y US$200 billones (miles de millones) de PGB, siendo el bloque de los países de la CEE el más importante, con un PGB de US$300 billones.

Importantes cambios están ocurriendo en la CEE, en la medida que se avanza a una Comunidad Económica (CE), con una moneda única y completa libertad de movimiento de factores (mano de obra), productos y servicios. Debido a problemas recientes, especialmente derivados de la recesión y la dificultad para aprobar el tratado de Maestrich en cada uno de los países signatarios, la fecha acordada para concretar esta unión (1994) ha sido postergada. Sin embargo, las empresas ya han tenido que cambiar sus estrategias locales a multinacionales, especialmente las transnacionales.

Desde el punto de vista del transporte es necesario separar los países del norte de Europa con los del Mediterráneo, debido a que las rutas comerciales conectan a Europa a través de los puertos localizadas en ambas costas, el Atlántico y el Mediterráneo.

Area Población (Millones) PGB (Billones de US$) Principales Características
Europa Occidental (CEE) 360 200 Mercado más importante, con una moneda única y libertad de movimiento de factores.
Europa Occidental (EFTA) Bloque de países con libre comercio.
Estados Unidos Potencia económica global, líder en innovación y producción en serie.
Japón Potencia económica global, líder en sistemas de producción "justo a tiempo" y calidad total.
NIE (Taiwán, Corea del Sur, Singapur y Hong Kong) Países emergentes con mano de obra calificada y bajos costos de producción.
China Continental Potencia económica emergente con gran población y bajo costo de la mano de obra.
India Potencia económica emergente con gran población y mano de obra cualificada.
Brasil País emergente con gran población y recursos naturales.

La revolución industrial transformó el comercio y las finanzas, dando paso a un nuevo orden económico globalizado. La globalización de productos y empresas, la competencia internacional y la evolución de los mercados financieros son los principales legados de este periodo histórico. La comprensión de estos cambios es esencial para comprender la dinámica económica actual y los desafíos que enfrenta el entorno en la actualidad.

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