plata dulce : una mirada crítica al auge financiero en la argentina de la dictadura

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Plata Dulce : Una mirada crítica al auge financiero en la Argentina de la dictadura

Plata Dulce, la película de Fernando Ayala, es una crítica social y política a la dictadura argentina y su período de bonanza económica ficticia, la llamada "Plata Dulce". Analiza el auge financiero y la especulación de una época marcada por la corrupción y la tragedia.

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Hacia fines de la década del ‘70, Argentina vivió una bonanza económica conocida como el “milagro argentino”. Este período, caracterizado por la apreciación del peso y una fiebre de consumo, fue denominado Plata Dulce. Sin embargo, esta prosperidad resultó ficticia, derivando en una crisis económica, social y política.

El cine argentino no tardó en abordar esta época con una mirada crítica, y uno de los filmes más impactantes fue Plata Dulce, estrenado el 8 de julio de 198

La trama de la película: de la prosperidad al desastre

La historia fue dirigida por Fernando Ayala, sobre una idea de Héctor Olivera. El guion lo escribieron Jorge Goldenberg y Oscar Viale. Los personajes fueron interpretados por Federico Luppi, Julio de Grazia, Gianni Lunadei, Alberto Segado, Nora Cullen, Marina Skell y Hernán Gené.

El momento histórico elegido por los autores para dar inicio a la historia fue el Campeonato Mundial de Fútbol de 1978, cuando la idolatría por el dinero había alcanzado contornos inusitados y los argentinos hablaban cotidianamente de plazos fijos, dólares y viajes al exterior.

La película se filmó durante la dictadura y había cosas que se podían decir y otras que no. El actor Hernán Gené, quien interpretaba a Lucho, el hijo del personaje de Federico Luppi en la ficción, recuerda que compartían las grabaciones con Julio De Grazia y en los almuerzos este último les explicaba con los saleros cómo debían combatir a los ingleses en la Guerra de las Malvinas.

Amalgamando con equilibrio el testimonio con la tragicomedia y la sátira costumbrista, Ayala situó en ese contexto histórico a sus personajes protagónicos: Carlos Teodoro Bonifatti (Luppi) y Ruben Molinuevo (De Grazia), concuñados y dueños de una pequeña fábrica de botiquines llamada Las Hermanas.

Molinuevo representa al hombre simple, honesto, que se resiste al cambio. Bonifatti, en cambio, opta por la “nueva Argentina”. La llave mágica se la alcanza un compañero del servicio militar, convertido en jerarca de las finanzas, que lo invita a participar de sus negocios.

Con la asistencia de un “licenciado”, tan hábil como circunspecto, Bonifatti ingresa en ese entorno nuevo, que lo tienta y obnubila, empujándolo a soñar con un futuro brillante, a través de un presente de ejecutivo novato, pleno de satisfacciones materiales.

“¿Sabés lo que es realmente difícil, querido Bonifatti Carlos Teodoro? Es asumir que estamos entrando a un nuevo país. Pero a un país nuevo de verdad. ¿Me entendés? Se trata de un enorme cambio, porque estamos entrando al entorno”, con estas palabras Gianni Lunadei con su inefable personaje de Osvaldo Juan Arteche le ofrece dejar de lado su pequeña fábrica para dedicarse a negocios financieros mientras su ex socio Molinuevo se empeña en continuar con la fábrica pese a la grave crisis.

Al principio los hechos parecen darle la razón a Bonifatti cuando empieza a enriquecerse, obteniendo auto nuevo, casa nueva, crecidas ganancias y asume la gerencia general de un banco del grupo. Sin embargo, al poco tiempo se produce un hecho inesperado que cambia para siempre sus vidas.

El lado oscuro del “milagro argentino”

Observado críticamente, Bonifatti reúne muchas de las condiciones del idiota útil que, sin percatarse del papel de rostro visible de la especulación que le fue adjudicado por dos empresarios con fines muy concretos, concluye destrozado, víctima de las circunstancias que lo desbordaron.

El contrapunto entre la familia del novísimo rico, que de la noche a la mañana pasa del barrio a la casa con piscina, y la familia del “laburante” que queda prácticamente en la calle, es de lo mejor de esta película. Y un final inesperado.

Al surgir los rumores de la posible quiebra del banco del cual es gerente, el Licenciado-interpretado por Alberto Segado- le indica a Bonifatti que es un caso aislado y que no hay nada que temer. En pleno viaje de negocios a Mendoza, este se topa con Arteche, quien le ofrece a Patricia, ya amante de Carlos Teodoro, que lo acompañe a Nueva York para la apertura de la sede norteamericana del Nuevo Banco Latino.

Sin embargo, Molinuevo se entera a través de Doña Hortensia que el banco no tiene fondos, por lo que Lucho viaja de emergencia a Mendoza. Sin embargo, cuando Bonifatti regresa a Buenos Aires, además de enfrentar una corrida por parte de los furiosos clientes, se entera de que fue parte de una estafa a gran escala.

El Licenciado revela que el gran y distinguido directorio, la sucursal en Nueva York e incluso los libros de contabilidad eran en realidad inexistentes, y al huir Arteche a Norteamérica y al ser el Licenciado un empleado personal de éste y no del banco en sí, Bonifatti resulta ser el único responsable.

“Eran grandes actores, muchas de las escenas se filmaron en Aries-cuyos estudios estaban en Don Torcuato-. También hay escenas sobre el final de la película que se hicieron en Mendoza y algunas en el Microcentro porteño”, relató Hernán Gené, quien recuerda con emoción algunas de las escenas en las que participa y que lo marcaron.

El legado de Plata Dulce

Una época donde el por entonces ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, imponía medidas contundentes: congelamientos de salarios por tres meses, devaluación del peso, eliminación de los controles de los precios, disolución de la CGT, supresión de las actividades gremiales y del derecho de huelga.

Esa “reforma” impulsó la especulación financiera. La cantidad de bancos se duplicó en 1977 y 1980. Miles de ahorristas recorrían el centro bancario cotejando las tasas de cada banco para decidir dónde colocar la plata.

El tramo final de la historia del film se ubica entre 1980 y 1981, etapa caracterizada por la crisis bancaria suscitada por la quiebra del Banco de Intercambio Regional (BIR) y la intervención de varias instituciones financieras, y por la famosa frase “El que apuesta al dólar pierde”, dicha por el entonces ministro de Economía argentino, Lorenzo Sigaut, quien reemplazó a Martínez de Hoz, poco antes de una gran devaluación.

Desde su estreno hasta la actualidad, la película funciona como una crítica política y social a la dictadura, enfocándose en los años de especulación y Plata Dulce, en la denominada “Patria financiera”, la principal beneficiaria del régimen.

“Fue una película filmada a la italiana de los años ‘70. Hoy la ves y tiene algunas fallas como falta de luz en algunas escenas, pero me genera una emoción muy grande este recuerdo”. A su vez, Gené sostuvo que en ciertas oportunidades recibe algunos beneficios económicos (alrededor de tres mil pesos) por las repeticiones del filme, últimamente en Volver. “Es una historia que se mantiene vigente en una Argentina que siempre tropieza con la misma piedra. Siempre se repite: en el Rodrigazo, en la época de la Plata Dulce, la hiperinflación de Raúl Alfonsín y Carlos Menem, y la corrida en el gobierno de Mauricio Macri”, señaló.

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