El Sistema Monetario Internacional (SMI) se encuentra en un estado de crisis. Los eventos de 2008 y 2009 aún no han encontrado una solución definitiva, y la eficacia del sistema actual es objeto de debate. La pregunta sobre la idoneidad del dólar como moneda internacional y la necesidad de una alternativa surgen con fuerza. Propuestas como la creación de una canasta de monedas, incluyendo el oro, o la fijación de una relación fija entre el dólar y el euro, reflejan la búsqueda de un nuevo orden monetario.
Para comprender el presente, es crucial analizar el pasado. La historia del SMI es un capítulo fundamental de la ciencia económica. Desde el patrón oro hasta el sistema actual, el recorrido ha estado marcado por transformaciones profundas. La historia nos ofrece valiosas lecciones para vislumbrar el futuro.
- El patrón oro: Un sistema con raíces antiguas
- El gold standard: Una época de estabilidad monetaria
- La Primera Guerra Mundial y el fin de la convertibilidad
- El patrón cambio oro: Una fase de flexibilidad inflacionaria
- La década de 1930: El colapso del sistema monetario internacional
- El nacimiento del FMI: Un nuevo orden monetario
- El declive del oro y el abandono del patrón oro
- El dólar: La moneda de reserva dominante
- La crisis de 2008-2009 y la búsqueda de un nuevo orden monetario
El patrón oro: Un sistema con raíces antiguas
Hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), el SMI se basaba en el patrón oro (gold standard). Este sistema tiene orígenes antiquísimos, remontándose a las ciudades de Asia Menor, Roma, Bizancio, etc. Sin embargo, su carácter universal se consolidó en la Edad Media gracias a los esfuerzos de la familia Centurione, clave en el comercio entre Europa y Asia. La familia Centurione, necesitada de una unidad de cuenta para sus operaciones, adoptó el oro como base para su contabilidad.
En los siglos XVI y XVII, la acumulación de oro se convirtió en un objetivo de las potencias mercantilistas, quienes buscaban aumentar sus reservas y estimular la demanda interna. En el siglo XIX, Inglaterra emergió como la potencia financiera mundial, y su sistema monetario basado en el oro se convirtió en un elemento fundamental para el desarrollo del gold standard.
Alrededor de 1870, algunos países europeos como Francia e Italia adoptaron un sistema bimetálico, basado en oro y plata. El valor de cambio de ambos metales estaba ligado en una relación fija de alrededor de 15,5 unidades de plata por 1 unidad de oro. Sin embargo, esta relación fija, sujeta a las fluctuaciones en la oferta de metales, llevó a la aplicación de la ley de Oresmes-Gresham. Esta ley establece que la moneda mala (aquella que pierde valor) expulsa de circulación a la moneda buena.
El descubrimiento de nuevas minas de oro y la mejora en las técnicas de extracción, especialmente a partir de 1890 en Sudáfrica, provocaron una disminución en el valor del oro. Sin embargo, el metal se mantuvo sobrevalorado, convirtiéndose en la moneda mala. La plata, al ser la moneda buena, desapareció de la circulación, y el oro se convirtió en la única moneda, dando lugar al sistema de patrón oro.
Argentina, en la década de 1870 y posteriormente en 1881, también adoptó un sistema bimetálico con una relación de 15,5 unidades de plata por una unidad de oro. No obstante, en 1883, la ley 1130 eliminó la plata, quedando el sistema como un patrón oro.
El gold standard: Una época de estabilidad monetaria
Durante la vigencia del patrón oro, existía una relación casi fija entre las monedas de diferentes países. Cada sistema monetario tenía como unidad monetaria una moneda de oro de determinado gramaje. La libra esterlina era más pesada que el dólar estadounidense (8,02 gramos vs. 1,67 gramos), mientras que el marco alemán (reichmarck) era más liviano que el dólar. El peso argentino, con 1,61 gramos, era ligeramente más liviano que el dólar. Las relaciones de valor entre las monedas estaban determinadas por su gramaje.
Las principales naciones del entorno tenían convertibilidad de sus monedas de papel en oro. Esta convertibilidad garantizaba la estabilidad del sistema monetario y fomentaba el comercio internacional.
La Primera Guerra Mundial y el fin de la convertibilidad
El inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914 supuso un punto de inflexión. La mayoría de los países en conflicto, excepto Estados Unidos, suspendieron la convertibilidad de sus monedas de papel en oro. Durante la guerra, la inflación se mantuvo controlada en Alemania y otros países. Sin embargo, la postguerra trajo consigo depreciaciones monetarias y grandes inflaciones en países como Rusia, Austria, Alemania y Hungría. Las reparaciones de guerra impuestas por el Tratado de Versalles agravaron aún más la situación monetaria de los países derrotados.
Estados Unidos, el único país que mantuvo el valor de su moneda, incluso apreciándose con respecto a la libra británica, se convirtió paulatinamente en la potencia financiera mundial.
El patrón cambio oro: Una fase de flexibilidad inflacionaria
En 1922, se celebró una conferencia monetaria internacional en Génova. Siguiendo la opinión del economista sueco Gustav Cassel, quien sostenía una escasez de oro, se recomendó la aplicación del patrón cambio oro. Este sistema permitía a los bancos centrales sustituir el oro en sus activos por divisas convertibles en oro, como la libra esterlina y el dólar. La flexibilidad de este sistema, con tendencia inflacionaria, se considera una de las causas de la crisis de 192
El economista Jacques Rueff, en su obra "La época de la inflación", describe cómo el patrón cambio oro atenuó las virtudes reguladoras del sistema monetario. En el sistema de gold-standard, la salida de capitales de un país reducía sus posibilidades de crédito, mientras que la entrada de capitales en otro país las aumentaba. Sin embargo, en el sistema de gold-exchange-standard, los capitales podían entrar en un país sin salir del país de procedencia, lo que debilitaba la regulación monetaria.
Rueff argumenta que el patrón cambio oro "produjo un auténtico desdoblamiento de las virtudes monetarias de la cobertura metálica de las monedas nacionales. Y, por ello, fue el generador de una enorme inflación, origen de la ola de prosperidad y expansión que conoció el entorno hasta 1929". La retirada de capitales de los países europeos, que habían recibido inversiones con entusiasmo, fue una de las principales causas de la Gran Depresión de la década de 1930, marcada por el desempleo y la recesión económica.
La década de 1930: El colapso del sistema monetario internacional
Ante la crisis de 1929, las naciones adoptaron diferentes medidas, muchas de ellas conduciendo al abandono del patrón oro. Inglaterra abandonó el sistema en 1931, mientras que Francia y otras naciones realizaron devaluaciones de sus monedas. Alemania y la URSS implementaron economías regimentadas, y Estados Unidos se aisló del comercio internacional mediante la imposición de aranceles y la flotación de su moneda.
La década de 1930 estuvo marcada por la ausencia de un sistema monetario internacional. El comercio se redujo, los países adoptaron políticas proteccionistas y se prepararon para un nuevo conflicto armado. Como decía la frase: "Cuando las mercaderías no cruzaron las fronteras, las cruzaron los ejércitos".

El nacimiento del FMI: Un nuevo orden monetario
A finales de la Segunda Guerra Mundial (1944-1945), las principales potencias se reunieron para establecer un nuevo sistema monetario internacional. Estados Unidos (representado por Harry Dexter White) e Inglaterra (representado por John Maynard Keynes) presentaron propuestas diferentes. Estados Unidos propuso un sistema de patrón cambio oro, con el dólar estadounidense convertible en oro y funcionando como reserva para los bancos centrales de otras naciones. Este sistema, con tipos de cambio fijos entre las principales monedas, sería controlado por un nuevo organismo, el Fondo Monetario Internacional (FMI). Inglaterra, por su parte, propuso la creación de un banco internacional que emitiera una moneda llamada bancor.
Finalmente, la propuesta estadounidense prevaleció, y el FMI comenzó a operar al término de la guerra. Los años siguientes se caracterizaron por la escasez de dólares en los países europeos, que fue resuelta por Estados Unidos a través del Plan Marshall. Tras la guerra, Estados Unidos concentraba la mayor parte del oro mundial.
Estados Unidos poseía 2682,4 toneladas de oro sobre un total mundial de 30.182,6 toneladas. Inglaterra tenía 431,6 toneladas, el FMI 276,1 toneladas, Suiza 232,6 toneladas, y otros países tenían cantidades menores. Argentina también contaba con un importante stock de oro (alrededor de 038 toneladas), aunque parte de estas reservas se encontraban bloqueadas.
El declive del oro y el abandono del patrón oro
Los continuos déficits presupuestarios de Estados Unidos a partir de las décadas de 1950 y 1960 llevaron a una disminución de sus reservas de oro. Las tenencias de oro de Estados Unidos disminuyeron de 1331,0 toneladas en 1955 a 221,2 toneladas en 1980. La pérdida de oro se fue frenando en los años siguientes, y actualmente Estados Unidos posee alrededor de 000 toneladas, valoradas conservadoramente a 42,22 dólares la onza en el balance de la Reserva Federal.
Francia, bajo la influencia de Jacques Rueff, quien defendía un sistema internacional basado en el oro, comenzó a acumular oro a partir de 1948, pasando de 487,1 toneladas a 654,9 toneladas en 196La pérdida de oro por parte de Estados Unidos, junto con la presión de países como Francia, obligó al gobierno de Nixon a tomar una decisión crucial.
En agosto de 1971, durante la presidencia de Nixon, Estados Unidos abandonó la convertibilidad del dólar en oro. Este hito marcó el fin del sistema monetario creado con el nacimiento del FMI. Los tipos de cambio entre las principales monedas dejaron de ser fijos y pasaron a ser fluctuantes. Sin embargo, algunas monedas, como el yuan chino, se mantienen casi fijas tras su apreciación en los últimos años.
El dólar: La moneda de reserva dominante
A pesar del abandono del patrón oro, el dólar sigue siendo la moneda de reserva más importante del entorno, representando alrededor del 60% del total de las reservas mundiales. El euro ocupa el segundo lugar con aproximadamente el 25% de las reservas. El dólar, a pesar de sus desafíos, sigue siendo la moneda dominante en el sistema financiero internacional.
La crisis de 2008-2009 y la búsqueda de un nuevo orden monetario
La crisis financiera de 2008-2009 evidenció la fragilidad del sistema monetario actual. Estados Unidos implementó diversas medidas para salir de la recesión, incluyendo la operación "Twist", que implicaba la venta de bonos del Tesoro a corto plazo y la compra de bonos a largo plazo para reducir las tasas de interés de largo plazo.
Sin embargo, la crisis ha reavivado la necesidad de un sistema monetario más estable y menos dependiente de una sola moneda. La disciplina fiscal, la creación de una moneda internacional independiente de un país específico y la implementación de una canasta de monedas basada en las principales monedas del entorno, incluyendo el oro, son algunas de las propuestas que se han planteado para reformar el sistema monetario internacional.
La propuesta del Premio Nobel Robert Mundell de ligar el dólar y el euro en una relación fija también ha sido considerada como una medida provisoria. El futuro del sistema monetario internacional es incierto, pero la búsqueda de un nuevo orden monetario más sólido y estable se ha vuelto una necesidad imperante.
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